La vanidad, pecado capital del líder

“Podemos ser humildes y al mismo tiempo tener mucha confianza en nosotros mismos.”

La vanidad es seguramente el defecto que con más frecuencia veo en las personas que ejercen puestos de los que se espera que sean buenos líderes. Yo mismo tengo este defecto con más intensidad de la que me gustaría.

Se puede definir  como la creencia excesiva en las habilidades propias o la atracción causada hacia los demás. En el lado opuesto está la humildad entendida como  el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades, y se aplica a la persona que tiene la capacidad de restar importancia a los propios logros y virtudes y de reconocer sus defectos y errores.

Esto me trae dos preguntas. La primera: ¿Es la humildad una virtud que debe tener el líder y la vanidad un defecto a evitar? La segunda: ¿Si la confianza en uno mismo es una cualidad necesaria para ejercer el liderazgo cómo evitar caer en la vanidad?

Piensa en aquellas personas que más te han influido. Aquellas que te inspiraron para alcanzar algo y te marcaron un camino a seguir. Aquellas que te transmitieron su confianza en que tú podías hacerlo. ¿A qué se parecían más? ¿A personas humildes o a personas vanidosas?

La respuesta a ambas preguntas la hayamos si pensamos que podemos ser humildes y al mismo tiempo tener mucha confianza en nosotros mismos.

He observado a otros y a mí mismo ejerciendo posiciones de “jefe” y he buscado señales de vanidad. Quizá te suenen o peor aún, quizá te reconozcas en ellas:

  • Cuando se ha hecho un buen trabajo y es reconocido en la organización necesitas que ese reconocimiento también sea explícitamente a ti. No te vale que el mérito se otorgue al equipo que diriges o a otros compañeros, necesitas ese reconocimiento.
  • Cuando se forma un grupo de trabajo o un equipo para tomar decisiones necesitas que se cuente contigo. No te vale que otros compañeros y personas de tu equipo te representen, necesitas estar tú.
  • Quizá no te atrevas a confesarlo pero te gustan las muestras externas de tu poder: necesitas que tu coche de empresa, o tu despacho, o tu plaza de aparcamiento, etc. sea mejor que los de las personas que están por “debajo” de ti en la organización. Es decir, no se trata de que valores lo que tengas, necesitas que sea mejor que lo que tienen otros.
  • Cuando tu trabajo o el de tu equipo es criticado te afecta emocionalmente. No es sólo una cuestión de que sea cierta o no la crítica, o justa o injusta, es que no te gusta que se te cuestione.
  • Te incomoda que las personas se salten las líneas de reporte o no te informen o te “pongan en copia”.
  • Las personas críticas de tu equipo te incomodan. Los ves como personajes negativos que perjudican el ambiente.

Si te reconoces en lo de arriba me temo que el bicho de la vanidad te ha picado. Y quizá lo que tengas sea falta de confianza en ti mismo. El que confía en sí mismo no tiene miedo a sus limitaciones y no necesita demostrarle nada a nadie. Esas personas ejercen una capacidad de influencia asombrosa sobre los demás, porque cuando te dicen algo, no tienes ninguna duda de la pureza de su mensaje.

JG

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