¿Qué impacto tienen en la formación en habilidades blandas las tendencias que se han acelerado con esta crisis? 3. CAMBIOS EN LAS METODOLOGÍAS.

“…Aprender algo, en la mayor parte de los casos, es crear un nuevo hábito, y para crear un nuevo hábito hay que hacerlo y repetirlo con una idea clara de lo que quieres conseguir.”

Las acciones formativas ya estaban siendo sometidas a revisión en cuanto a las metodologías antes de la llegada de esta crisis. Las preguntas respecto al retorno de la inversión en formación y del tiempo dedicado seguían siendo una constante. En este sentido, el debate sobre la efectividad de las acciones online respecto a las presenciales ya estaba también encima de la mesa.

Las respuestas a estas preguntas, sin embargo, también eran seguramente conocidas y esta crisis simplemente las ha puesto más de manifiesto.

Aprender algo, en la mayor parte de los casos, es crear un nuevo hábito, y para crear un nuevo hábito hay que hacerlo y repetirlo con una idea clara de lo que quieres conseguir y con un feedback constante de cómo te está saliendo para que puedas cada vez acercarte más al resultado deseado. Más o menos de esta manera aprendemos casi todo en la vida.

Sin embargo, en las actividades formativas, de todo tipo, cometemos con frecuencia el error de creer que se aprende algo por el mero hecho de hacer el ejercicio intelectual de transmitir el conocimiento. Como si el aprendizaje fuera un mero ejercicio de comunicación con un emisor (formador), un receptor (alumno), un mensaje (contenido a formar) y un medio (normalmente lenguaje escrito o hablado) y olvidamos con mucha frecuencia que la clave es la práctica. De hecho, la mayor parte de las cosas que aprendemos en la vida lo hacemos mediante observación e imitación a través de la práctica.

¿Cómo dar respuesta a esta necesidad en lo que se refiere a la formación en habilidades directivas? Es necesario incorporar en su justa medida elementos tales como:

Experiencial
Es necesario que durante las acciones formativas el participante viva en primera persona, sienta y experimente aquello que está intentando aprender o practicar. Esto se consigue mediante la realización de actividades que provocan situaciones similares a aquellas que queremos trabajar.

Reflexiva
Resulta enormemente eficaz que el facilitador de la formación provoque que los participantes, mediante la reflexión y el debate, extraigan en primera persona sus propias conclusiones sobre aquel elemento que están trabajando.

Emocional
Las vivencias con una fuerte carga emocional dejan huella. Si queremos provocar el cambio en las personas necesitamos causar esa fuerte impresión y para ello necesitamos llegar emocionalmente a los participantes. La conexión entre las emociones y el elemento que estamos trabajando pueden ser el motor para provocar y sostener el cambio.

Personalización
Las acciones formativas no deben ser ajenas a que cada persona y cada entidad en cada momento viven realidades distintas y cambiantes y es necesario que adaptemos en consecuencia todas nuestras acciones formativas.

Formatos
Existen muchos formatos que pueden ser efectivos pero es necesario, que sea cual sea el que se use tenga presente que debe ser a la vez: experiencial, reflexivo y emocional y que mantenga una alta intensidad durante toda la acción, para ello el tamaño del grupo es un factor esencial. El grupo debe ser el justo para que se llegue a cada individuo a la vez que sea rico para el debate y la reflexión.

Lo online es efectivo para webinars con poca interacción o para grupos muy pequeños en sesiones relativamente cortas, pero sin descuidar todo lo descrito arriba: experiencial, reflexivo y emocional. Sin embargo, el poder de la formación presencial para el desarrollo de estas habilidades es incuestionable. Juntarnos para avanzar en nuestro desarrollo va a ser una realidad aun más necesaria tras esta crisis.

Las sesiones individuales, presenciales y online son enormemente poderosas para el entrenamiento de habilidades y tendrán cada vez más peso.

La vinculación y traslación al puesto de trabajo y a la realidad diaria de aquello que estamos trabajando debe estar omnipresente en toda acción o actividad.

Finalmente, el aprendizaje debe ser un proceso coherente cuyo éxito depende de la continuidad y constancia. Nadie se convierte, por ejemplo, en un gran líder asistiendo a una formación aislada en liderazgo.