Quick Wins_

Quick Wins?

“Los grandes logros a veces nos enfrentan con la sensación de que los “quick wins” ni son “quick” ni son “wins”

Kotter, gran maestro de los procesos de cambio empresarial definió en su modelo “The 8-Step Process for Leading Change” que uno de esos 8 pasos, el 6º para ser precisos, es generar logros en el corto plazo. Dice que es necesario medir, evaluar y celebrar los pequeños y  los grandes hitos de manera constante y vincularlos a los resultados. Además insiste en la necesidad de que los grandes procesos de cambio cuenten con ciertos logros inmediatos; de esta manera, conseguimos enganchar a la organización en el proceso de cambio desde el primer momento, ya que empiezan a ver enseguida los frutos del esfuerzo.

Estoy 100% de acuerdo y no seré yo quien contradiga a Kotter. Enlaza bien con un post anterior en el que hablábamos de trocear las grandes metas. Pero creo que a veces, en los grandes logros, conviene mentalizarnos de que va a tocar sufrir. Y que en ocasiones no hay “quick wins”, más bien hay fases en las que pensamos “¿qué hago yo aquí?”.

Discrepo de aquellos que confunden el alcanzar logros intermedios y celebrarlos con crear una sensación de camino fácil y placentero. Recuerdo con frecuencia una frase que escuché con 15 años a Miguel Ríos en un concierto: “Sabía que iba a ser la travesía del desierto, pero no tenía ni idea de la cantidad de arena que tendría que tragar”. Los grandes logros a veces nos enfrentan con la sensación de que los “quick wins” ni son “quick” ni son “wins”.

Déjame hacer un paralelismo con correr un maratón para un corredor aficionado. Y voy a obviar la preparación que es sin duda lo más importante y más duro. La carrera la troceas en cachos con sus objetivos intermedios, y si los vas cumpliendo tienes una sensación “positiva” pero están lejos de ser “quick wins”.

Si has corrido un maratón estarás de acuerdo (al menos en parte) en que del km 0 al 10 se corre con la gorra. En el 10 aproximadamente pierdes la “gorra” y empieza la carrera. Del 10 al 20 se corre con las piernas. A partir del 20 las piernas empiezan a fallar y se corre con la cabeza hasta el 30. En el 30 ya no quedan fuerzas y las piernas duelen y la cabeza también se quiere dar de baja.

Entonces empieza el maratón de verdad y las sensaciones ya no se parecen en nada a todo lo anterior. Así que del 30 al 40 se corre con el corazón. El mismo corazón que te ayudó a preparar la carrera durante semanas.

Y con perdón, los “putos” 2.2 km finales, esos que van del 40 al 42.2, esos en los que al final vas pasando pancartas y te preguntas dónde demonios está la de la meta y si tanta pancarta no son más que bromas macabras, esos 2.2  digo, los corres con los “cojones” o como lo quieras llamar, porque  es lo único que te hace seguir, porque la gorra, las piernas, la fuerza, la cabeza y el corazón te los has ido dejando a trozos en el asfalto.

Cuando empiezas un maratón sabes lo que te espera y te importan un carajo los “quick wins”. Y es cierto que cada km lo mides, lo evalúas  y lo celebras (si los has hecho en el tiempo previsto) tal y como Kotter nos anima a hacer, pero lo haces con los dientes bien apretados, con la mente ya puesta en el siguiente km y totalmente consciente de lo que aún te queda, porque sólo hay un logro que de verdad te importa: el de la meta final.

JG

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