“…saldremos de ésta y lo haremos con una fortaleza de carácter nueva y sorprendente.”

Estamos viviendo unos momentos llenos de incertidumbre y dificultades, sin precedentes similares, que pasarán sin duda a la Historia. Todos, de una manera u otra, nos estamos viendo afectados y tratamos de salir adelante en un contexto nuevo y desconocido que está exigiendo lo mejor de nosotros mismos.

Una de las dificultades añadidas en esta crisis es la incertidumbre sobre su duración. En un mundo donde lo inmediato, lo rápido, lo instantáneo había tomado un papel protagonista en nuestras vidas, nos vemos ahora en una situación temporal extraña en la que las noticias evolucionan a velocidad de vértigo, al tiempo que nuestras vidas parecen entrar en un especie de paréntesis con un horizonte temporal desconocido. Es una extraña paradoja.

En cierto modo, no deja de recordarme a la sensación que los corredores de maratón aficionados sienten cuando empiezan una carrera de esa distancia. Especialmente, la primera vez que lo hacen.

Lo primero, es esa sensación de si estás realmente preparado para ello. En las primeras fases vas analizando si estás siendo capaz de correr como esperabas o no, pero no es realmente hasta el último cuarto de la carrera donde realmente sabrás cuáles eran tus verdaderas fuerzas. Cuál era tu nivel de preparación para enfrentarte a algo desconocido y tan exigente será sin duda la clave. ¿Cuánto fondo tienes?, ¿qué reservas tienes? Cuál es tu fortaleza de carácter va a ser testado en este escenario nuevo. Quizá de ello saquemos una lección para el futuro.

Lo segundo es que los tres primeros cuartos de la carrera son simplemente un puro desgaste. Los aguantarás bien sin duda, pero te irás desgastando y la verdadera prueba, el verdadero maratón, empezará cuando ya te hayas desgastado, cuando te hayas quedado sin reservas. Sólo la fe y la determinación te permitirán aguantar en esos momentos. Ahí, la fortaleza de carácter será tu energía y tu motor. El aliento, la ayuda y la inspiración de otros el soporte en el que te apoyarás para poder continuar. Es un ejercicio de orgullo, pero también de humildad. Orgullo porque te estás demostrando que eres capaz de salir adelante en los momentos más difíciles, pero también de humildad porque que te das cuenta de que sin la ayuda de otros te resultaría casi imposible. Ese voluntario, a veces un niño o una persona mayor, que de manera desinteresada te acerca la botella de agua en la carrera, agua sin la que no podrías completar la prueba, te recuerda cuánto dependemos de otros.

Lo tercero es una nueva gestión de la realidad tiempo. El tiempo transcurre de una manera diferente. La meta, el fin, está lejano al principio y lo mejor es no pensar demasiado en él. Igual que los alpinistas que coronan una cumbre como el Everest tratan de no mirar demasiado la cima mientras escalan. Es mejor gestionar el presente. Concentrarse en el día a día. Intentar que cada día, sea cual sea nuestra realidad, sea un día aprovechado y productivo teniendo en cuenta la parte física, mental y emocional. Aquí la disciplina, el rigor y la constancia son virtudes que, en una sociedad donde habían perdido algo de su valor, toman ahora un protagonismo esencial.

Verás también cómo la carrera, igual que esta crisis, se va tomando sus víctimas. Ves a gente lesionada que sigue andando, o tirada en la cuneta necesitando atención médica de los sanitarios. Familiares que se agolpan a los lados animando a sus seres queridos o buscando con la mirada preocupada a alguno que ya debería haber pasado y aún no lo ha hecho. En definitiva, en esta crisis sufrimos todos, pero aquellos que han perdido la vida o que tienen seres queridos que la han perdido, son los que debemos tener más presentes.

Y finalmente, con independencia del resultado final, todos aprendemos. Aprendemos a estar mejor preparados para la próxima vez. Aprendemos a conocernos mejor a nosotros mismos. Aprendemos a valorar el esfuerzo de los demás. Aprendemos a agradecer la contribución de todos aquellos que nos han brindado su ayuda, su cariño y su aliento.

Y por último descubriremos, que eso que algunos dicen que sólo se tiene si se nace con ello, en realidad se entrena y se fortalece. No tengo duda de que saldremos de ésta y lo haremos con una fortaleza de carácter nueva y sorprendente.