“En conclusión, los equipos de alto rendimiento comparten un objetivo común que además es ambicioso, todos ganan y todos pierden en igual medida y todos dan lo mejor de sí mismos para lograrlo, no tolerándose en el seno del grupo la falta de compromiso.”

Éste es sin duda uno de los elementos que con más frecuencia se mencionan por los directivos en las formaciones de Método Invictus. Los directivos acuden a él como un elemento esencial para que el equipo lo sea de alto rendimiento.

Compartir en el seno del grupo un fin común y un objetivo común se percibe como esencial para que todos “tiren” en la misma dirección. Sentir que el fin del grupo está en armonía con mis propios fines hará que de una manera natural sienta que si el equipo gana yo también gano.

No hay tanto consenso cuando tratamos de convertir las metas en objetivos que conllevan el cobro de una retribución variable. El debate sobre si los objetivos deben ser individuales o colectivos o una mezcla de ambos, tiene defensores para todos los gustos, pero también parece evidente que si el objetivo colectivo recoge las aspiraciones individuales, no serán necesarios los objetivos individuales. Nuestra opinión es que el objetivo colectivo es más poderoso que una mezcla de objetivos colectivos e individuales. Si el equipo de verdad lo es de alto rendimiento, con un objetivo colectivo será suficiente. Esto además fomenta la generosidad en el grupo y se tenderá a expulsar al que tenga un comportamiento egoísta.

Otro de los matices importantes es que un objetivo colectivo puede ser entendido de manera ligeramente diferente por todos los miembros. Por ejemplo: Un equipo puede tener como objetivo ganar la liga pero quizá el portero del equipo entienda que recibir pocos goles es una elemento crítico para ganar la liga, mientras que un delantero puede entender que marcar muchos goles es esencial para ganar la liga. Los diferentes roles de los miembros del equipo condicionan la percepción de cómo se define o cómo debe conseguirse el objetivo. Para resolver esto, y que todos tiren en la misma dirección, sin malgastar la energía en los conflictos internos, es muy importante definir con claridad el objetivo y cómo se pretende alcanzarlo.

Por último, los equipos de alto rendimiento además incluyen la ambición en sus metas y el querer dejar huella como otra clave para maximizar sus resultados. Por tanto, un alto nivel de exigencia colectiva e individual parece esencial para obtener resultados excepcionales.

En conclusión, los equipos de alto rendimiento comparten un objetivo común que además es ambicioso, todos ganan y todos pierden en igual medida y todos dan lo mejor de sí mismos para lograrlo, no tolerándose en el seno del grupo la falta de compromiso.