“…Esta crisis sin precedentes ha acelerado de manera exponencial algunas de estas tendencias y su impacto en la sociedad y en el comportamiento de las personas.”

A principios de 2020 analizábamos en Invictus las nuevas tendencias sociales y económicas en Europa Occidental y su impacto en la formación en el desarrollo de habilidades blandas. Ha sido muy interesante ver cómo, en nuestra opinión, la crisis del COVID-19 ha acelerado enormemente estas tendencias.

Vivíamos una nueva era con muy fuertes cambios hacía la digitalización y el desarrollo de la inteligencia artificial; la sostenibilidad; el desarrollo de la industria del entretenimiento y del cuidado y bienestar de las personas; los valores de igualdad y diversidad, la polarización política con extremismos y populismos y la dicotomía entre nativos digitales y el envejecimiento de la población.

Esta crisis sin precedentes ha acelerado de manera exponencial algunas de estas tendencias y su impacto en la sociedad y en el comportamiento de las personas y, por tanto, también en la industria de la formación en el desarrollo de habilidades blandas.

Las empresas más digitales han salido relativamente más reforzadas y muchas otras han tomado verdadera conciencia de la necesidad de acelerar este proceso.

La sociedad, y por consiguiente las empresas y personas que forman parte ellas, han dado aún mayor peso a la idea de propósito. Propósito que incorpora si cabe con más fuerza valores como la solidaridad, el fin social, la sostenibilidad, la igualdad, la diversidad, la idea de comunidad y ecosistema social frente a cadena de valor.

La sociedad de consumo orientada a poseer y ostentar, que compra más cosas de las que somos capaces de disfrutar, que compra y a veces no usa, o que simplemente usa y tira, va cediendo paso hacía un nuevo tipo de consumo, que más que poseer, busca disfrutar de la experiencia y que además se pregunta por los “valores” de la marca o servicio o producto que consume. Esto revoluciona una gran cantidad de sectores.

Sin embargo, se da la paradoja de que la mayor conciencia social y de comunidad convive con el desarrollo de los extremismos y populismos. La crispación política, la radicalidad, el desarrollo de los nacionalismos y la agresividad en redes sociales parecen tomar más fuerza. Quizá la idea de fondo que explica estas dos tendencias antagónicas tiene que ver con el sentimiento de tribu o manada de las sociedades humanas. Se ha reforzado el sentimiento de grupo con los que considero parte de mi tribu, pero mayor oposición ante las tribus que considero adversarias.

Y todo esto en un contexto de aceleración de dos fuertes tendencias sociales: el envejecimiento de la población y los nuevos nativos digitales. Esta crisis nos ha recordado con crudeza que existe una proporción cada vez mayor de personas de 60, 70, 80 y de más de 90 años. Personas que tienen demandas y necesidades específicas que requieren nuevos modelos de gestión y atención. Sin duda vamos a vivir un impulso espectacular en todos los servicios relacionados con el bienestar y cuidado de las personas para cada grupo de edad. Por otro lado, los nuevos nativos digitales han vivido una nueva experiencia sin precedentes. El impacto que ha tenido en estas nuevas generaciones, que liderarán el futuro inmediato, es una incógnita, pero si ya veíamos que el liderazgo era cada vez ejercido por personas más jóvenes, posiblemente vamos a ver esto de manera más acusada con un ascenso a formas de poder en política y en las organizaciones de personas más cercanas a los 40 y 30 años.

¿Qué impacto tienen estas tendencias en la formación en habilidades blandas?

Próximamente…