“Quizá no obtengas tanto éxito pero seguramente serás más feliz y te gustarás más a ti mismo.”

Numerosas compañías y proyectos de cambio empresarial incluyen la definición de una visión, una misión y unos valores que sirvan como elemento de guía y cohesión.

Sin embargo, cuando las organizaciones tienen cierto tamaño y van más allá de un equipo de personas que se conocen entre ellas y que trabajan juntas, estos elementos de cohesión pueden pecar de ser demasiado artificiales. Puede existir una distancia insalvable entre los verdaderos objetivos que persigue la organización y los objetivos individuales de las personas que forman parte de él. Otras veces, lo que se observa es que los objetivos y valores confesados distan muchos de los que luego, en la arena, podemos ver como los verdaderos objetivos y las cosas que de verdad se valoran. Citemos algunos ejemplos a ver si te resultan familiares.

A veces oigo con mucha frecuencia frases, en el día a día, del tipo: “Hay que conseguirlo como sea”, o  “esto tiene que salir sí o sí”. Luego pienso en ese futbolista que se tira en el área para fingir un penalti y en unos seguidores que celebran el error del árbitro. Dudo mucho que los valores confesados de ningún equipo incluyan las trampas como medio para obtener resultados. Si fueran coherentes deberían incluir en su misión y valores, algo parecido a una frase que dijo un célebre dirigente del Liverpool: “Ganar no es lo más importante, ganar es lo único importante”. Eso sí que es un ejercicio de sinceridad.

En otras organizaciones, en la lista de valores, aparecen palabras que cualquiera de nosotros subscribiríamos como valores a los que públicamente nos adheriríamos. Luego observamos que las personas que triunfan en la organización y que resultan más “valoradas” responden a patrones de comportamiento que están lejos de esos valores: entregar resultados a cualquier precio, competitividad interna, dedicación total sacrificando vida personal y familiar, agradar a los de arriba sacrificando a los de abajo, etc.

La misión y valores que veo en muchas organizaciones son un artificio que responde a la necesidad de lo “correcto” mientras que los objetivos y valores reales son mucho más pegados a la necesidad de éxito que se persigue en nuestra sociedad.
Te animamos a que tengas tu guía basada en tu misión y objetivos personales y en un comportamiento asentado en principios universales y atemporales. Quizá no obtengas tanto éxito pero seguramente serás más feliz y te gustarás más a ti mismo.

JG