“Tu instinto es mucho más listo de lo que te imaginas. De hecho es prodigioso.”

El miedo es un sentimiento natural en el ser humano que nos ha permitido sobrevivir como especie. La percepción del peligro y la asunción de posiciones de riesgo muchas veces no parecen guiarse por procesos racionales. Nos arriesgamos en situaciones de verdadero peligro de una manera inconsciente y sin embargo no nos atrevemos a tomar acciones cuando en realidad no tenemos nada que perder.

Seguro que se te ocurren muchos ejemplos pero déjame que cite dos muy cotidianos. La mayor parte de la gente realiza sus desplazamientos en automóvil sin sentir miedo aunque en realidad es una de las pocas acciones de cada día en la que ponemos en peligro nuestra vida o la de otros. Sin embargo, sentimos algo parecido a un miedo de baja intensidad antes de meternos en una piscina fría en verano o al presentarnos a una chica o chico que no conocemos y con el que queremos “tantear” posibilidades; cuando la verdad es que en estos últimos dos ejemplos sabemos que no tenemos nada que temer.

En nuestra sociedad occidental se penaliza el fracaso y surgen numerosas voces que animan a la gente a no tener miedo al fracaso, a arriesgarse en la vida por aquellas cosas que de verdad queremos y entender que el éxito se construye con muchos fracasos. Así que te animan a que te tires a la piscina: “No tengas miedo, no hay nada que temer”.

Quieren que el miedo no nos controle y que tomemos nuestras decisiones sin estar coartados por ese dichoso sentimiento. Nos animan a hacer incluso actividades para vivenciar cómo el miedo es algo mental que podemos superar: “Confía en mí, todo va a salir bien”.

No seré yo quien te anime a tener miedo, pero no dejes de fiarte de tu instinto. Tu instinto es mucho más listo de lo que te imaginas. De hecho es prodigioso. Te ayuda a tomar miles de decisiones cada día sin que te tengas que preocupar tú por nada. Tu instinto se basa en el análisis de información de la que tu consciente ni siquiera se entera. Procesa miles de datos y toma decisiones instantáneas. Y entre otras cosas usa el miedo para no dejar que hagas tonterías que pongan en peligro aquello que te importa. Es verdad que tu instinto a veces se pasa, y te hace sentir miedo por cosas por las que no debes tener miedo. Pero, ¿debes tener miedo al fracaso?

No olvides una cosa: hay fracasos que pueden acabar contigo, minar tu confianza, pulirse tus ahorros, destruir tu familia. Ojo con el fracaso y con los riesgos que tomamos en ciertas aventuras. Ojo con usar la cabeza para no escuchar al instinto que cuida de ti cada día. Escucha al miedo, mide los riesgos y toma decisiones buscando tu equilibrio entre la prudencia y la valentía. Nadie puede hacer eso por ti. Es cierto que quizá el mayor riesgo que tomamos en nuestra vida puede ser no tomar suficiente riesgo. Pero ellos no tienen miedo a tu fracaso. ¿Lo tienes tú?

JG